Cada artista recorre un camino creativo propio.
Para Mauricia Ayala todo comienza con la observación de la naturaleza y con la capacidad de descubrir en las piedras formas, movimientos y expresiones que parecen existir desde siempre, esperando ser encontradas.
Sus obras no buscan imponer algo a la naturaleza, sino escucharla, acompañarla y completar su lenguaje.
Ésta es su manera de entender y vivir el arte.
Mi manera de crear
“De un día para otro sentí un impulso interior que me invitaba a hacer hablar a la naturaleza a través de aquello que, a los ojos de muchos, podría parecer inerte: las piedras.Siento una inmensa alegría al ver nacer las formas ante mis ojos. Me siento como una pionera, llamada a unirlas y a darles el movimiento que ellas mismas parecen sugerirme.
Observar cómo cada piedra, con su propia expresión, encuentra casi por arte de magia su lugar dentro de la composición es para mí una alegría infinita. La misma emoción siento cuando una persona, con una simple mirada, logra descubrir el espíritu de las formas que cobran vida en mis obras.
La expresión de mis “criaturas” me transmite las más diversas sensaciones. Cada obra representa para mí un encuentro, un diálogo, un conjunto de fragmentos que encuentran armonía y unidad.
Me siento como un puente entre la expresión de la naturaleza y el ser humano, intentando transmitir la conciencia de que todo cuanto existe es vida y de que, sembrando Amor, se encuentra a Dios.

Una invitación a observar
Cada obra nace de un encuentro.
Lo que para muchas personas puede ser simplemente una piedra, para Mauricia Ayala puede convertirse en un personaje, una emoción, un paisaje o una historia aún por contar.
Su deseo es invitar a cada observador a mirar el mundo con otros ojos y descubrir la belleza escondida en las formas más sencillas de la naturaleza.